Beatriz Buesa
Col. Nº AA00452

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Psicología 
Transpersonal. 
Beatriz Buesa

La felicidad no está en el cielo, está en el corazón (Buda)

BERT HELLINGER
Filosofo. Creador de las Constelaciones Familiares. 

AQUI TIENES ALGUNOS TEXTOS DE BERT HELLINGER QUE AYUDAN A COMPRENDER MEJOR EL ALCANCE Y LA PROFUNDIDAD DE LAS CONSTELACIONES FAMILIARES.


"Tengo un principio en psicoterapia: quien es capaz de describirme su problema, está dispuesto y es capaz de encontrar la solución. Quien únicamente me refiere generalidades, en las que no se puede captar nada concreto, al mismo tiempo me está diciendo: «Estoy contento tal como es.» Con una persona así no puedo trabajar"



¿Cómo es posible que personas absolutamente des- conocidas, que no tienen ni idea del sistema familiar o de las personas que representan, de repente reaccionen como aquellas personas y adopten sus sentimientos, comportamientos e incluso sus síntomas físicos?

Lo que me parece más acertado es la idea de que nosotros tenemos parte en un alma común. Aquello que comúnmente solemos definir como alma, no lo deberíamos llamar así. Nuestra llamada «alma» nos une con un alma más grande. Nos une con nuestra familia y, más allá de ella, con aquello que yo llamo la Gran Alma. En ella estamos unidos con todo, y, además, lo sabemos. Tenemos este saber participativo. En una Constelación Familiar se manifiesta este saber, en los representantes y, sobre todo, en el terapeuta, si lo permite. Cuando el terapeuta mismo se encuentra todavía anclado en la filosofía de que el saber se basa en la comunicación, pensando, por ejemplo, que tiene que preguntar a cada uno por todos los detalles, hasta que lo sepa todo, y sólo a partir de ese punto empieza a actuar, entonces ha perdido el contacto con ese Gran Alma. 

El terapeuta, por tanto, renuncia a un exceso de informaciones. Incluso en una primera entrevista con el cliente. Yo suelo preguntar muy poco. Cuando el terapeuta se mete en la Constelación Familiar, cuando se expone a ese campo de fuerza, de ahí le surgen aquellas comprensiones importantes que necesita.


Un tal Lenin dijo: «La verdad es reconocida por todos juntos.» Es un resultado compartido; no de un pensador, sino una experiencia en la que participan muchos. Así también lo veo aquí. Por tanto, esta verdad siempre crece y nunca es algo válido en un sentido eterno, sino que es algo práctico para la realización vital.


La plenitud vivida se da en el momento en que todo los que forman parte de mi familia, todos mis antepasados, tienen una lugar honroso en mi corazón, de manera que los vea como son realmente. En cuanto tienen esc lugar, la persona queda libre.


¿Por qué alguien verdaderamente busca ayuda?
Habitualmente porque la persona está separada de alguien. Tan pronto como alguien está separado de sus padres o de una parte de la pareja parental pierde energía y fuerza. La persona queda debilitada y desarrolla síntomas.
    La solución es en realidad muy sencilla. Hay que restituir la conexión a lo que antes estaba separado. ¿Es eso posible? ¿Qué requisitos debe aportar quien presta la ayuda para que esto resulte posible? Lo primero es que el propio asistente esté en contacto con sus padres y con sus antepasados, y que esté en contacto con su destino, con su culpa y con su muerte.


Meditación
En relación con esto podemos realizar un pequeño ejercicio. Cierren los ojos y sientan en vuestro cuerpo a vuestros padres. No hay nada en nosotros que en el inicio no haya venido de nuestros padres. Nosotros somos nuestros padres. Así nos ensanchamos interiormente hasta que sentimos a nuestros padres en nosotros como un todo, y eso tal como ellos realmente son y fueron. Sin tener ningún deseo de que ellos hayan debido ser diferentes.
    De la misma manera ustedes sienten dentro de sí mismos a vuestros abuelos y a los bisabuelos, a todos los que pertenecieron a la familia. También a quienes murieron jóvenes. A todos ellos los podemos sentir presentes en nuestro propio cuerpo. En nuestro cuerpo le damos a todos ellos y a nosotros mismos nuestro asentimiento. En cierto modo nos arrimamos cariñosamente a ellos, nos dejamos abrazar y con ellos somos uno. En ese movimiento experimentamos nuestro particular destino así como él nos llega de nuestros padres y antepasados. También como él viene de nuestro propio accionar y nuestra culpa. Y asentimos a ese: “Sí, este es mi destino y estoy de acuerdo con él”.

Lo más grande
Existe algo más que viene del alma. Porque más allá de nuestros padres y ancestros nosotros estamos conectados con algo más grande que tanto a ellos como a nosotros y nos pone a su servicio. De ese algo más grande nos llega a cada uno de nosotros un destino especial y una tarea. De él también nos viene la fuerza de poder hacerle frente. Si asentimos a ese algo más grande, seremos libres, sin distracción causada por deseos superficiales. Estamos colmados de algo más grande.